Charlando con Ibiza Melián, autora de “La Hermandad de Doña Blanca”

Conoce en profundidad a Ibiza Melián, autora del libro “La Hermandad de Doña Blanca“. Una obra que hasta hace nada ha estado en nuestro primer puesto de ventas y en la podrás encontrar muchas similitudes con la época actual.

¿Cuál ha sido el secreto para mantenerse en nuestro primer puesto de ventas durante más de 1 mes?

Primero que nada, quiero mostrar mi más sincero agradecimiento a todos los que han comprado mi libro y a aquellos que tuve el honor de que me acompañaran durante las presentaciones del mismo. También a la librería Canaima, por su afectuosa acogida y su gran labor a la hora de difundir la obra de los escritores canarios. Así como a la Editorial Camelot por darme la oportunidad de publicar con su sello.

En verdad, no sé qué ha podido suscitar la confianza que los lectores han depositado en mi trabajo. Cuando me propuse escribir La Hermandad de Doña Blanca lo hice porque sentía la necesidad de contar algo. Si además después tu historia es leída es toda una bendición. Porque a mí me gusta la narración comprometida, comparable a la canciones protesta de los cantautores. Así que, cuando ves que tu humilde mensaje ha llegado a otros, sientes que has cumplido un pequeñito granito de arena de tu soñado propósito. A lo que se suma la satisfacción de poder aprender durante el proceso de creación. Y es que cuando acabas por transcribir la última palabra compruebas que ya no eres la misma que cuando empezaste.

¿Qué semejanzas guarda la época en la que se sitúa la obra con la actual?

Mi relato trae a la actualidad la historia de la desventurada doña Blanca de Borbón, monarca española asesinada por orden de su esposo, don Pedro I de Castilla, en 1361. Quien concitó, en defensa de su honor, el desenlace de la primera guerra civil nacional. El germen quizás de «las dos Españas», la perenne lucha fratricida entre bandos que ha condenado irremediablemente a nuestro país durante siglos.

No obstante, el espectro de doña Blanca de Borbón es invocado por unos personajes que se mueven en torno a una concreta fecha y preciso instante, el 21 de diciembre de 2012 a las 11:12. Momento en el que debía comenzar el cambio, coincidente con el solsticio de invierno. Al culminar el último ciclo de ciento veinte años. Y sobre el que pendía el peligro de la irrupción de un falso Mesías. Un nuevo «cirujano de hierro», quizás, tristemente, tan del gusto de nuestra patria. Quien prometería el cielo en la tierra, para traer únicamente el infierno. Quien trataría de impedir que se cumpliera la profecía, que dejásemos atrás lo viejo para dar paso a lo nuevo. Y, casualidad quizás, las turbulencias en nuestra nación desde el 2012 han sido considerables.

¿Por qué elegir el personaje de doña Blanca de Borbón y no otro para abordar esta cuestión?

Primeramente tengo que decir que la motivación que me lleva a escribir esta obra fue buscar respuestas a mis propias dudas. Y en concreto a una pregunta crucial: ¿Por qué determinados males atacan más virulentamente a España que a otros países? En base a ello en un determinado momento percibí que para desentrañar el enigma debía indagar en nuestra historia. Decía el filósofo Santayana que: «Aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo».

Y fue precisamente durante esa búsqueda cuando hallé todo un riquísimo movimiento intelectual, surgido en una época que para mí guarda muchísimas similitudes con la actual, la Restauración. Periodo de la historia española que abarca desde finales de 1874 hasta el 14 de abril de 1931. Etapa caracterizada por el lema: «para los enemigos la ley, para los amigos el favor».

Pues bien, en ese espacio temporal, irrumpe con fuerza en España el krausismo. Corriente de la que bebió la generación del 98, la del 14, la del 27. Así como los regeneracionistas y los institucionistas. Gracias a la amplia labor de difusión realizada por la Institución Libre de Enseñanza, liderada por Francisco Giner de los Ríos. Todos ellos tenían como fin último sacar a España de su retraso a través de la renovación de las ideas. Para quienes España se sustentaba en tres pilares: el pueblo, los verdaderos protagonistas de la historia; los monumentos, nuestro patrimonio arquitectónico como fuente de riqueza y exponente identitario; y el paisaje, para quienes Castilla era el símbolo de nuestra patria.

De tal manera que debido a los postulados de todo ese movimiento intelectual opté por decantarme por ese enclave donde se desarrolla la trama, Castilla – La Mancha. Que es la tierra de otro de los personajes más universales de nuestras letras, «El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha». Mismo paraje que utilicé en mi ensayo novelado anterior, Historias de un pueblo.

Por otro lado, esa falta de libertad que durante siglos ha asfixiado a España, por la que don Quijote instaba a «aventurar la vida», ha sido más virulenta con la mujer. Y ese ostracismo, al que hasta hace escaso tiempo hemos estado sometidas, lo encarna perfectamente doña Blanca de Borbón. Utilizada como moneda de cambio para sellar una supuesta alianza entre España y Francia. Y después otra vez usada su figura por los nobles para ampliar su poder frente al rey. Finalmente en 1447 los Reyes Católicos le rendirán su merecido homenaje. La mujer, a quienes se nos ha relegado siempre bajo el auspicio de una interesada interpretación del pasado. Y para mí la triste existencia de doña Blanca de Borbón representa un espectacular estandarte para reivindicar nuestro papel en la historia.

Admira usted a los regeneracionistas.

Hace años leí unas estremecedoras palabras pronunciadas en 1901 por el que fuera Presidente del Consejo de Ministros de España, Antonio Maura. Regeneracionista y quien con un desgarrador sentimiento exclamaba:

…más que nunca es ahora necesario restablecer aquella ya casi olvidada, de tiempo que ha que fue perdida, confianza entre gobernantes y gobernados; y ya no hay más que un camino, que es la revolución (…) desde el Gobierno (…). Nunca habría sido fácil la revolución desde el Gobierno, nunca habría sido recomendable, si hubiera podido dividirse la facultad y esparcirse la obra en el curso del tiempo; pero cada día que pasa, (…), es mucho más escabrosa, mucho más difícil, y el éxito feliz mucho más incierto; y no está lejano el día en que ya no quede ni ese remedio.

Palabras que se apoderaron de mí y que nunca he podido borrar. Vocablos que junto a la obra de Joaquín Costa, máximo exponente del regeneracionismo español, han guiado desde entonces mis pensamientos.

Como anteriormente detallé, los regeneracionistas, al igual que la generación del 98, la del 14, la del 27, o los institucionistas, beben de las fuentes del krausismo. Aunque los regeneracionistas se diferenciaban en que en sus escritos primaban más el componente político que el literario. Soñaban con cambiar España, ponerla a la altura del resto de naciones europeas.

Eran conscientes de que la raíz del mal estuvo en la tímida acogida que se prodigó en nuestro país a los flamantes aires de la Ilustración que soplaban con fuerza desde Europa. Lo que provocó una débil aplicación de los mismos. Ideología que promulgaba romper con las fórmulas del Antiguo Régimen, para dar paso a los primeros «Estados Liberales de derecho». La primera Constitución que se hizo acopio de estos planteamientos fue la de 1812. Pero los efímeros periodos constitucionales españoles desde ese instante, rotos por otros autoritarios, impidieron la consolidación de la referida doctrina en España. Y no se pudo insuflar en la población un auténtico sentimiento patriótico compartido por todos. Lo que sí ocurrió en otros Estados. Sin embargo, aquí hemos vivido inmersos perennemente en «las dos Españas». Una «que se obstina en prolongar los gestos de una edad fenecida», y otra «España vital, sincera, honrada, la cual estorbada por la otra, no acierta a entrar de lleno en la historia». Según la magistral definición de Ortega y Gasset.

Así que yo me quedo con el ideal de alcanzar la Tercera España. Aquella que para Salvador de Madariaga era la de la libertad, la integración y el progreso. En la que no cabe pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor. Pues la historia nos demuestra que no es cierto. Lo que tenemos que hacer es analizar nuestros elementos diferenciales con respecto a las naciones de nuestro entorno. Con el fin de poder detectar nuestros puntos débiles y así fortalecerlos.

Es por eso que La Hermandad de Doña Blanca lucha con todas sus fuerzas por instaurar la Tercera España. Porque como ya dije en mi ensayo La corrupción en España y sus causas:

A la hora de acometer cualquier reforma hemos de mirar la triste historia de nuestro pasado. Un constante querer y no poder pasar página. Un perpetuo enfrentamiento fratricida entre dos bandos. Con el objetivo de marcarnos el propósito de llegar a la Tercera España. Aquella en la que todos seamos capaces de encontrarnos incluidos.

¿Considera que España necesita una Gran Reforma?

Es evidente que nuestro sistema presenta ciertas disfunciones. Si lo comparamos con otros países de nuestro entorno vemos como el porcentaje de desviaciones es mayor, según los dispares índices. Es más, determinados organismos internacionales ya nos han indicado concretas reformas a acometer. En La Hermandad de Doña Blanca se apuntan algunas. Desde una reforma electoral, a otra concerniente al ámbito local. De igual modo, se aboga por el funcionamiento de todos los controles al poder gubernamental: tanto los propios de la inicial separación de poderes (ejecutivo, legislativo y judicial); como los controles internos de la Administración Pública; y, por último, el control ciudadano.

Y es que defiendo que nuestro sistema requiere de ciertos ajustes, los que nuestra tumultuosa historia nos ha impedido acometer. Para algunas transformaciones se necesitará una reforma constitucional. Si bien, cualquier sistema sólido que se quiera instaurar debe contar con todos, sin dejar fuera a nadie. De lo contrario, los que se sintiesen excluidos buscarán la manera de acceder a los círculos de poder, tornándose ipso facto en elementos subversivos para conseguirlo.

Predicción que hizo Blanco White (1775-1841) cuando se fue a redactar la Constitución de 1812. Pues no hay que olvidar que nuestra historia está plagada de textos constitucionales de corta vigencia. La primera Carta Magna fue el Estatuto de Bayona (1808), Carta Otorgada por Napoleón y que no estuvo en vigor. En 1812 se promulgó la Constitución de Cádiz, que acuñó el término liberal, de efímera vida. Le seguirían: el Estatuto Real de 1834; La Constitución de 1837; la de 1845; la Constitución non nata de 1856; la Constitución de 1869; el proyecto constitucional de 1873, que no se aprobó; la Constitución de 1876; la de 1931; las Leyes Fundamentales del Reino del Régimen Franquista, recopilación de 1967, que en puridad no puede tenerse su esencia como constitucional; y finalmente la vigente Constitución de 1978.

En la actual Constitución, la de 1978, se tuvo en cuenta esto, por encima de otras cuestiones. Pero en una democracia ya madura como la nuestra, después de casi 40 años, deberíamos ser capaces de culminar el ciclo. Acometer con valentía las reformas que en aquel momento se postergaron. Y para eso requerimos sin duda alguna de una visión de Estado por parte de todos, si pretendemos evolucionar y no involucionar.

Se muestra crítica con la administración, precisamente usted que ha estado en ella.

Me considero, más que crítica, analista. Pienso que el peor pecado de un político es ser conformista, por eso su obligación ha de ser procurar constantemente la mejora de su pueblo. Porque como todo en la vida, para poder solventar un problema primero hay que reconocerlo. La autocomplacencia nunca conduce a nada bueno, camino que lleva irremediablemente al estancamiento y al consecuente declive.

No obstante, llegó un momento en el que percibí, bajo mi humildísimo punto de vista, que si quería cambiar las cosas me iba a resultar bastante complicado desde la primera línea política. Hay una teoría que defiende que las modificaciones del sistema se producen gracias a la aportación de ideas. Ideas que han de venir desde el mundo académico. Para luego pasar a los intelectuales (escritores, periodistas, cineastas,…), quienes serán los encargados de difundirlas. Y finalmente cuando esas ideas ya son sido asimiladas por la sociedad, es cuando son adoptadas por los políticos de modo natural, lo que provoca el cambio.

Así que como ciudadana, que vive inserta dentro de una sociedad, mi deber es optar por la vía en la que sea más útil a la misma. Y personalmente creo que en mi caso puedo aportar mucho más como aprendiz de escritora. Aunque soy de las que siempre le gusta ver el vaso medio lleno, por lo que opino que nuestro sistema sólo necesita unos cuentos ajustes para mejorar. Y no destruirlo todo para volverlo a crear.

La corrupción en España y sus causas es otro de sus obras y base de su tesis doctoral. ¿Cómo se puede evitar? ¿hay alguna solución?

Debemos tener claro que el ser humano es dualidad, compuesto por un lado luminoso y otro oscuro. El doctor Jekyll y el señor Hyde de la famosa novela de Robert Louis Stevenson. Por lo que seres perfectos no existen. Si eres creyente puedes pensar que existe uno; pero, no es de este mundo. Con lo que el comportamiento humano es impredecible.

Platón en la República esbozó la figura del «filósofo-rey». Sin embargo, al final de sus días abandonó esta teoría, tras sinsabores personales y después de sufrir Grecia primero una dictadura oligárquica y luego una democracia populista. En su última obra, Leyes, se percató de que lo ideal sería basar el funcionamiento del sistema en normas básicas escritas que rigieran para todos. Empero, en España aún seguimos creyendo en que será un político el que aporte el maná a nuestras vidas. Es como si todavía permaneciéramos en la tribu descrita por Karl Popper en La sociedad abierta y sus enemigos.

Y es que lo que diferencia a unos sistemas de otros es el porcentaje de percepción de la corrupción que ostenta. Desde hace tiempo hay un Índice de Percepción de la Corrupción que elabora Transparencia Internacional. Así que no es lo mismo estar en el puesto número 1, en la que se situaba Dinamarca en el 2015, que en el 36 en la que se posicionaba España. Muy por detrás de otros de sus vecinos europeos. De forma que, aun asumiendo la imperfecta esencia humana, nuestro objetivo debe ser escalar puestos en ese ranking.

La corrupción en España y sus causas es la base de la tesis doctoral que estoy actualmente elaborando. En ella apunto a ciertos elementos que pueden aumentar las desviaciones en el sistema. Y es que, como afirmara Popper, no debemos preguntarnos: «¿Quién debe gobernar?». Ya que la respuesta será inevitablemente los mejores. Lo que raramente ocurre. Por tanto, la cuestión a resolver será: «¿Cómo debemos gobernar?».

Y para eludir cualquier tipo de abuso, se han de garantizar que funcionen todos los controles. Con el fin de poder detectar desde el inicio cualquier conducta desviada. Tanto los propios de la separación de poderes (ejecutivo, legislativo y judicial), los cuales han de controlarse entre sí. Como los controles internos de la Administración Pública, que se fundan en la defensa del interés general por parte de los empleados públicos, contrarrestando la probable inclinación partidista de los políticos. Y por último, el control ciudadano, que resulta factible gracias a la implantación de las máximas medidas de transparencia.

Lo primero es dirigirnos hacia el paradigma del gobierno abierto. Aquel que sitúa al ciudadano en el eje central de sus políticas, empoderándolo y coordinándose con él mediante una comunicación bidireccional. Sustentado en principios tales como la transparencia o el empleo de las nuevas tecnologías. En definitiva, un gobierno colaborativo que implica a todos en la tarea de construir un país mejor.

Por otro lado, la principal acción para asegurar la separación de poderes sería la elección uninominal por circunscripción electoral y acabar así con la hegemonía del Estado de Partidos. Y es que el modelo de mayoría simple soslaya los extremismos y fomenta el pragmatismo opositor. Además el vínculo de un representante con los electores de su circunscripción es bastante alto. Potencia igualmente la rendición de cuentas, al ser fácilmente atribuible la responsabilidad al político.

En frente se sitúan las listas de representación proporcional contempladas en España, Portugal, Grecia e Italia donde es frecuente que se radicalicen las posturas al dar entrada a pequeñas fuerzas revolucionarias. Incluso se suscitan a veces coaliciones de gobierno de muy difícil sostén. Además la relación entre los cargos públicos y los electores tiende a diluirse, al provocarse una desafección, pues son los partidos los que nombran a las personas entre las que hay que elegir. Cuyos méritos habitualmente aparenta que se reducen a su proximidad con el líder de la formación. Por eso el voto se suele otorgar más al partido que al candidato. Situación que se empeora además en España y Portugal con las listas cerradas y bloqueadas, donde sólo se puede aceptar o rechazar aquello que presenta el partido.

Asimismo, una de las instituciones donde aparentemente más casos de corrupción se dan, a tenor del número de resoluciones judiciales, son los Ayuntamientos. Básicamente, a mi entender, por sostener la figura del alcalde fuerte, strong-mayor, con casi plenos poderes. Y es que EEUU vivió lo mismo que en España se está produciendo a finales del siglo XIX. Por lo que decidieron pasar de la figura del strong-mayor, que nosotros tenemos, a la del city-manager. Con lo que lograron reducir enormemente la corrupción municipal.

Estas serían algunas medidas de las que examino. Las conclusiones las pretendo alcanzar por medio de un estudio judicial de sentencias condenatorias emitidas por el Tribunal Supremo. Hasta ahora he publicado algunos de mis razonamientos en el prestigioso diario jurídico La Ley. En concreto sobre el delito de prevaricación urbanística, el de tráfico de influencias y respecto al papel de las autoridades públicas en los ataques medioambientales.

Por otro lado, ¿qué historia guarda la portada?

Como he comentado la fuente original de todo el movimiento intelectual que he descrito (generación del 98, del 14, del 27, institucionistas y regeneracionistas) es el krausismo. Sus orígenes se remontan a las teorías del filósofo idealista alemán, Karl Christian Friedrich Krause (1781-1832). De las cuales se hizo eco el jurista español Julián Sanz del Río alrededor de 1840. Tras leer un libro, traducido al castellano, escrito por Heinrich Ahrens, uno de los discípulos de Krause. Texto que recogía el manual docente del Curso de Derecho Natural que Ahrens había impartido en la Sorbona en 1833.

A partir de ahí Julián Sanz del Río esboza un ideario de fuerte componente moral, que da a la razón el predominio sobre todas las cosas. Sin negar la vertiente mística, pues cabe reseñar que el jurista era profundamente católico. Sin embargo, afirma que sólo a través del conocimiento y la ciencia podrá avanzar nuestra sociedad. Relega las creencias religiosas al ámbito privado. Consagra la sinceridad y la honradez como valores fundamentales de la conducta humana. Y concibe un hombre de fuertes principios. Uno de sus postulados, que tal vez más definan el carácter abnegado al que se aspiraba, sería: «Haz el bien por el bien mismo». Lo que en definitiva conformaba un ascético estilo de vida.

Y es que cabe recordar que Krause, del que parte toda la corriente intelectual de la que hablamos, era masón. Incluso, para el estudioso Pedro Álvarez Lázaro, se le considera «el filósofo de la masonería». Cuya idea primordial radicaba en esculpir la esencia humana para mejorarla. Lo que en simbología masónica, conforme al saber alquimista, es tornar la piedra bruta en el más noble metal. Labor conferida a los mejores. Elementos que aparecen, por ejemplo, en un discurso de José Ortega y Gasset publicado el 8 de Noviembre de 1931, en El Sol: «…se trata de tomar a la República en la mano para que sirva de cincel con el cual labrar la estatua de esta nueva España; para urdir la nueva nación» Ya que el mazo y el cincel son herramientas de las que alegóricamente se valen los masones, para a través de la voluntad y la inteligencia mejorar su propio ser. Y es que Ortega y Gasset, conforme a lo manifestado por diversas fuentes, también era masón.

En sí este ideal es de los más nobles. Pero tergiversado y mal aplicado puedo llevar a resultados funestos. Porque no hay que olvidar que a lo largo de la historia todas las corrientes místicas y filosóficas enseñan que la verdad, la luz o la perfección individual, quizás nunca se alcance. Sólo si se pone mucha perseverancia simplemente se atisbe al final de nuestros días, después de una larga batalla con nuestros bajos instintos y pasiones.

Así que la tergiversación española de este concepto ancestral nos llevó a clamar por un «cirujano de hierro» que extirpara de raíz el mal de nuestra patria. Concepto en el que se amparó Miguel Primo de Rivera (1870-1930) para auparse dictatorialmente en el poder (1923-1930). Fuentes de las que bebería posteriormente Franco (1892-1975), para terminar imponiendo cuarenta años de duro invierno a las libertades.

De modo que La Hermandad de Doña Blanca es un aviso a navegantes del origen de nuestros tergiversados razonamientos. Una advertencia de que si bien es nuestra obligación como ciudadanos cultivarnos como personas, en pro de mejorar nuestra sociedad, no supeditemos el futuro de nuestro país a la apuesta de encontrar un gobernante superdotado. Lo que raramente ocurre. Por consiguiente, lo que tenemos que hacer es establecer normas claras que, pase lo que pase y ostente quien ostente el bastón de mando, haga muy difícil transgredir la legalidad vigente. En línea con la Escuela de la Opción Pública, liderada por James M. Buchanan, Premio Nobel de economía en 1986.

Tanto la masonería, como los rosacruces, o las dispares creencias religiosas apelan a la simbología para transmitir sus conocimientos. Su paradigma del perfeccionamiento humano. Un lenguaje sencillo que resulta fácilmente reconocido por todos. Explicado de distinta maneras, pero con una esencia idéntica.

Ergo, en la portada aparece el círculo conformado por la serpiente que se muerde la cola, el uroboros. Imagen mítica que nos recuerda el ciclo vital. Morir para después renacer. Destruir para luego construir. Figura que alberga al sol y la luna, lo femenino y lo masculino, la dualidad. El uno y el dos que logran el equilibrio gracias al tres. Número mágico este último que aparece igualmente representado por los tres puntos masónicos. El ternario, la trinidad de los católicos. Según los gnósticos la materia que debe sucumbir ante el espíritu, para terminar retornando a la fuente divina. Conforme a las enseñanzas platónicas: el Uno, masculino; el pensamiento, femenino; y el logos, el hijo.

Asimismo, se vislumbra la acacia como alegoría de la inmortalidad. A la que alude el maestro masón cuando asegura que: «La acacia me es conocida». Poseedor de los conocimientos que conducen a la suprema sabiduría. Madera sagrada de la que supuestamente algunos afirman que estaba hecha la corona de espinas de Cristo. Y, en base a lo manifestado por la Biblia, el Arca de la Alianza en cuyo interior se hallaban los Diez Mandamientos.

También podemos apreciar la flor de lis. Emblema de la realeza francesa, de la que provenía doña Blanca de Borbón. Y de la otrora poderosa Orden de Santiago, de la que era gran maestre su amado y venerado noble español, don Fadrique. La flor de lis como muestra de la pureza.

Finalmente hay dibujada una cruz en la que destaca una rosa pintada de un intenso magenta. «¿Quién ha unido la rosa a la cruz?», preguntó Goethe. La cruz, el cuerpo humano. Y la rosa, su alma, que sólo se abrirá completamente en aquel que ya esté preparado. Cruz junto a la que sobresalen las enigmáticas letras R y C. Caracteres que guardan relación con el subtítulo del libro Per Crucem ad Rosam y que significa a través de la Rosa Cruz. Antigua corriente mística que buscaba la regeneración de Europa. Regeneración que los protagonistas de mi relato claman para nuestro país. Regeneración que el fantasma de doña Blanca de Borbón trata a toda costa de conseguir.

¿Tiene algún nuevo proyecto en mente que nos pueda desvelar?

Actualmente me encuentro trabajando en un ensayo. Documento en el que indago acerca del componente ético cultural del sur de Europa y Latinoamérica, como heredera cultural de España y Portugal. Análisis comparado con el del norte de Europa y los países de tradición anglosajona. Vertiente que podría explicar, en parte, el dispar desarrollo, las mayores tasas de corrupción y el posicionamiento adoptado frente a la misma.

El método de investigación empleado parte de un análisis de contenido de multiplicidad de textos ortodoxos, como de otros calificados en su momento de heréticos. Así como de los fundamentos de distintas corrientes místicas, religiosas, filosóficas y de grupos hoy denominados «discretos». Aspectos que terminarán por ponerse en relación con recientes teorías científicas en cuanto a la psicología transpersonal y la inteligencia emocional. O incluso con las controvertidas hipótesis en torno a la física cuántica.

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LA HERMANDAD DE DOÑA BLANCA

LA HERMANDAD DE DOÑA BLANCA

MELIÁN REYES, MARIA IBIZA

ISBN: 978-84-945313-7-8

Editorial: CAMELOT EDICIONES

Nº páginas: 268

Año de edición: 2016

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