Debhora Bether

El alborotador de mariposas.-

-¿Qué piensas?

-No…nada…

Muchas veces se habían hecho esta pregunta…él a ella, ella a él…debe ser la pregunta más repetida en las parejas…pero esta vez la respuesta no era cierta.

Desde hacía semanas, la diablesa y la angelita que habitaban en su cabeza mantenían discusiones viscerales que a ella la dejaban en un estado hipnótico, absorta, ida…

Cuando volvía a la vida real, ni ella misma sabía cuánto tiempo había permanecido en ese estado catatónico y si encima él estaba a su lado, más le costaba justificar su ausencia mental, porque a lo que no se atrevía era a explicarle el motivo de discusión interna en la que se encontraba desde hacía meses.

Todo comenzó el día que Dani la besó. Él, que tonteaba con todas y del que se sentía totalmente a salvo porque ‘ella tenía novio’, la había besado…y todo habría quedado ahí si ese corto beso no hubiese despertado las mariposas que desde mucho tiempo atrás yacían dormidas en su barriga…o en su corazón…no lo tenía claro.

Eso era lo que la estaba matando… ¿por qué el simple recuerdo de ese tonto beso volvía a hacerlas revolotear como hacía tiempo que no lo hacían? Sabía perfectamente que Dani le había robado el mismo beso a todas y que lo que para ella estaba agrietando pilares fundamentales de su vida, para él no significaba nada. Absolutamente nada.

Ella miraba al verdadero hombre de su vida. Al primer y único novio que había tenido.

Al único que había besado hasta entonces. A su compañero. Al que adoraba. Al que la hacía reír cada mañana, incluso en el odiado momento despertador. Él también le decía constantemente lo guapa que era…incluso cuando sus incontrolables rizos se empeñaban en manifestarse cual rebeldes con causa y desordenaban una informe masa de pelo alrededor de su adormilada cara. Incluso entonces él le soltaba lo de ‘qué linda es mi niña’… pero 20 años después, eso ya no despertaba a las mariposas.

Sin embargo Dani, con un simple ‘hola pibón’, el mismo ‘hola pibón’ que le soltaba a todas, le hacía temblar las piernas. Y ella se auto castigaba por ello. Se decía a sí misma:

-Pero ¿Eres tonta? ¿No ves que no eres nada especial para él?

Pero en un rincón de su cuarentona alma, las mariposas volvían a revolotear encantadas con cada guiño que Dani le soltaba…físico, virtual o verbal…todo valía para elevar un poco su maltrecha autoestima y así lo guardaba para sí, como un triunfo personal e inconfesable, como un ‘todavía soy capaz de atraer a alguien’.

Definitivamente, no se conocía a sí misma lo suficiente, así que seguiría con su vida, sin cambiar nada, pero con el trofeo en el alma que rezaba ‘A mí también me besó’.

Eso le bastaba para levantar el vuelo.

© 2013 Debhora Bether

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