Fariñas

Era Carnaval.-

Conservaba la manía de buscarle entre la multitud, allí donde fuera. Por nostalgia o por costumbre, después de tantísimos años no había podido olvidarle, siempre le buscaba, especialmente en los sitios en que el capricho de su imaginación le conectaban con su imagen.

Esa noche era carnaval, llevaba un disfraz que cubría todo su cuerpo, se había pintado sobre la cara una máscara que deshacía cada rasgo reconocible de su persona, se había convertido por una vez en otro alguien, en animal, o en algo indefinido (realmente no podría decirse que aquella pintura pudiera enmarcarse en algún género conocido), aquel juego de trazos y colores resultaba más que atrayente y le aseguraba sentirse a sí misma en la piel de algo desconocido, otra piel para experimentar, sentir, reinventarse.

La calle rebosaba de colores, de música atronadora, de sudores y sabores.

Como siempre, la multitud le sugirió la posibilidad de su presencia, como siempre le buscó casi convencida que otra vez no le encontraría, escrutando cada pasante, intentando adivinarle detrás de los disfraces por una estatura, por unos ojos escondidos tras los huecos de cualquier antifaz.

No le vio exactamente, vio la inmensa y conocida sonrisa que le llenaba la cara. Podía haber visto solo aquella boca, aquellos labios y aquella sonrisa rodeadas de un manto negro y la habría reconocido.

Asustada de ser descubierta, sutilmente y confundida entre la ola que arrastraba a la multitud, fue acercándosele hasta quedar a su lado, él la miró, su cara denotaba la admiración y la sorpresa que aquella máscara bien pintada despertaba en todos. Se prestaron al juego de la noche, se observaron lentamente disfrutando la caricia de la mirada, dejándose seducir con el recuerdo de quizás otras noches para rescatar sus sensaciones, para encontrar un motivo con el que perderse el uno en el otro.

Sin mediar palabras sus bocas se unieron, aquel beso lo había estado esperando por años, lo había soñado de todas las formas posibles, la risa de otros, la música y bamboleo inmenso a su alrededor, les aislaba de la multitud. ERA CARNAVAL, la visión de dos personas besándose estaba demasiado trillada como para que alguien les prestara atención.

Aquel beso no era su beso, aquellos labios ásperos no tenían nada de sensuales, aquel no era el aliento que reconocía, la lengua que se enredaba en su boca y escudriñaba cada fibra de sentir, la lengua que lamía cada suspiro, la lengua que mordía el placer.

No, aquello era pero no era él, y sonrío, le separó de sí, miró una vez más sus ojos y se marchó.

Aquel beso, como tantos conocidos, rompió su hechizo, le hizo respirar, retomar su soledad limpia, nuevesita, acabada de estrenar. Tomó una bocanada inmensa de aire fresco, abrió sus brazos y dejó que la algarabía de la noche le inundara, rió con todas su fuerzas y se lanzó a bailar, libre por fin para disfrutar todas los bailes y todos los besos que aún le esperaban. POR FIN……ERA CARNAVAL.

© Fariñas.

 

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