Marta Zubiría

Para siempre y un día más

Ella, que había ido con él a elegir los colores de las paredes y pintaron toda la casa. Ella, que le había cambiado de sitio los muebles del salón, que había roto al entrar con la maleta el jarrón que a él le había traído su madre de Marruecos y que comían pipas en el Parque del Oeste como si las fueran a prohibir.

Ellos, que se bañaban juntos. Él, que la escuchaba desde la cama cantar mientras se duchaba. Que bajaban un sábado a las dos de la mañana al karaoke de la esquina, o se quedaban en casa alcohólicos perdidos y cantaban canciones de los Beatles y de la radio subidos al sofá. Ella, que dejaba la casa oliendo a ella cuando se marchaba y se quedaban dormidos en el sofá viendo un programa cualquiera de cualquier canal temático de televisión.

Ellos, que corrieron sin paraguas bajo la lluvia en San Sebastián, ella que le apretó la mano tan fuerte cuando el piloto dijo aquello de “entrando en pista para despegue”. Él, que le hizo creer que no tenía miedo a volar y se sintiera segura a su lado. Él, que pensó que si en ese momento tocaba morir, ese habría sido el momento más feliz.

Ella, que le quería, él, que contaba hasta diez cuando le sacaba de quicio para no pegarle ni siquiera a la pared. Él, que le recordaba cada día lo afortunado que era por tenerla a su lado. Él, que no se cansaba de decirle en el baño, en el salón, en la cocina que la quería y que la querría siempre, para siempre y un día más…

Pero ella lo sabe, sabe que un día sin darse cuenta se olvidará de ella. Se olvidará del beso que le daba cuando llegaba a casa, de cómo le hacía el amor. Que un día se olvidará de las canciones que ella cantaba en la ducha y de todos los pelos que dejaba por el baño. Se olvidará de su cara al despertar, del olor que dejaba en toda la casa siempre antes de marcharse. Ella lo sabe.

Sabe que una noche él subirá el volumen de la radio al escuchar una canción que quizá la escucharon juntos muchas veces, hasta puede que la llegaran a cantar subidos al sofá una noche de alcohólicos perdidos, pero él ya no se acordará de eso, subiría el volumen solamente porque sabe que le gusta esa canción.

Ella sabe que sólo será cuando se vean, cuando él se de cuenta de que la olvidó y lo peor es que a ella le va a dar igual, pero eso ella aún no lo sabe, porque no sabe que para entonces ella, cuando le vea, se dará cuenta a su vez de que a él también le había olvidado.

Marta Zubiría
http://bienvenidoabordo.wordpress.com/

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