LA CULPA DE LOS DEMAS

LA CULPA DE LOS DEMAS

Editorial:
DILEMA
Año de edición:
Materia
Narrativa contemporánea h
ISBN:
978-84-9827-418-9
Páginas:
196
Disponibilidad:
Disponible en 1 semana
Colección:
VARIAS
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"Mi natural es bastante pacífico, pero a veces me pierden los prontos. Me corrijo. Quizás sea más atinado decir que me pierden los retardos. Otros lo llamarían simplemente rencor, resentimiento o mala leche enquistada. El tema es que me enfado de Pascuas a Ramos, cuando ya ha transcurrido un montón de tiempo desde la ofensa o el rifirrafe y parece que todo ha quedado olvidado. Pero es que no puedo evitarlo. Necesito un siglo para digerir las situaciones y, cuando me parece que he acabado de entenderlas, me encono y ya no soy capaz de parar. Digamos que pago tarde pero con creces, desproporcionadamente. Y con mi jefe me pasé.” (Distrito 26) Maurane recuerda que tenía miedo, que estaba de mala leche y que había un cadáver. Ahora también tiene miedo y mucha mala leche, pero los cadáveres son dos. Mira que es cabrón el destino, y el hielo, y el puto frío de las montañas del Jura. Y no para de maldecir. Y los kurdos, y los jodidos horarios de los centros comerciales, y las farolas que no funcionan, y las madres kurdas que tienen el cuajo más grande que el culo y que dejan a los niños circular solos por cualquier sitio y a cualquier hora. En el fondo se merecen que les pase todo lo malo que les tenga que pasar, piensa, por dejados, por gilipollas, por kurdos y por hacer las cosas mal.” (La natural elegancia de las isobaras) "Papá empezó a desvariar de una manera espantosa. La memoria se le disolvió en apenas tres meses y su comportamiento viró bruscamente de la candidez natural a la lujuria más zafia. Un cuadro deprimente. Papá fue la única fuente de cariño que tuvimos desde nuestro nacimiento y su forma de despedirse de este mundo nos dejó sumidos en la desesperanza. Papá, el hombre callado y sufrido que encajaba aterrorizado los abusos psicológicos de su esposa, terminó convertido en un monstruo oscuro y sin sensibilidad. Su lenguaje corporal ruborizó en sus últimos días a los enfermeros más veteranos y su voz fina y apocada se transformó en una cloaca de expresiones desvergonzadas.” (Que en paz descanse)

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