THE HACIENDA. COMO NO DIRIGIR UN CLUB

THE HACIENDA. COMO NO DIRIGIR UN CLUB

Editorial:
CONTRAEDICIONES
Año de edición:
Materia
Monografías música moderna
ISBN:
978-84-949684-4-0
Páginas:
432
Disponibilidad:
Disponible en 1-5 días
Colección:
CONTRA
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Tras el suicidio de Ian Curtis en 1980, los componentes de Joy Division se reagruparon para formar New Order, bajo el auspicio de su mánager, el carismático Rob Gretton. Durante las giras norteamericanas que cimentarían el éxito del grupo en EE.UU., descubrieron fascinados la emergente escena de clubs neoyorquina, con los míticos Danceteria y Paradise Garage a la cabeza. El excéntrico Tony Wilson, máximo responsable de Factory, el sello discográfico de Manchester que labró su éxito gracias, sobre todo, a Joy Division y New Order, decidió emprender con Gretton, arrastrando, de paso, a New Order, una ambiciosa reforma del International Marine Center para reconvertirlo en el que debía ser el club más elegante y sofisticado del mundo, a imagen y semejanza de los que habían visto en Nueva York. Para ello, contrataron al visionario arquitecto Ben Kelly, que transformó el espacio en una catedral de acero y cristal a la que llamaron The Haçienda, y que incluso recibió un número de referencia: FAC 51. Peter Hook, cuyas líneas de bajo en Joy Division y New Order son un referente de la música popular, narra con humor y un ritmo endiablado su experiencia no solo como bajista de dos de los grupos fundamentales del rock británico sino también como copropietario a la fuerza de uno de los clubs más influyentes de todos los tiempos. Hooky, que vivía humildemente con veinte libras a la semana, no pudo imaginarse nunca que gran parte de sus abultados ingresos tras éxitos como "Blue Monday", "Bizarre Love Triangle" o "True Faith" se esfumarían en ese "agujero en el suelo conocido como The Haçienda", tal y como lo describió el productor Martin Hannett, que abrió sus puertas el 21 de mayo de 1982 para cambiar para siempre el rumbo de la escena de clubs del Reino Unido. Y si bien al principio funcionó más como una sala de conciertos allí dieron bolos antológicos grupos como los Smiths, Happy Mondays o Stone Roses, a partir de 1984, DJs como Mike Pickering y sus noches Nude tomaron el testigo y empezaron a pinchar una ecléctica mezcla de funk, primigenia música electrónica e indie que revolucionaron la escena musical y plantaron las semillas del fenómeno que se conoció como Madchester. Para que la revolución acabara de estallar, ya solo quedó el advenimiento del Segundo Verano del Amor, de inspiración ibicenca, que dio lugar en 1988 al apogeo de la cultura rave y al acid house.