Cafe Titanic (Y Otras Historias)
Andric, Ivo
½Se podría decir que, siguiendo el ejemplo de la legendaria y elocuente Sherezada, el propósito de un relato es conjurar al verdugo, suspender el juicio ineluctable del destino que nos acecha, prolongar la ilusión de la vida y el tiempo. +O acaso debería el narrador, por medio de su arte, ayudar a que los hombres nos conozcamos y reconozcamos? Quizá su vocación consista en habl...
Sinopsis
½Se podría decir que, siguiendo el ejemplo de la legendaria y elocuente Sherezada, el propósito de un relato es conjurar al verdugo, suspender el juicio ineluctable del destino que nos acecha, prolongar la ilusión de la vida y el tiempo. +O acaso debería el narrador, por medio de su arte, ayudar a que los hombres nos conozcamos y reconozcamos? Quizá su vocación consista en hablar en nombre de aquellos que no tuvieron la habilidad para hacerlo, o que, aplastados por la vida, no hallaron la fuerza para expresarse. +O será, más bien, que el narrador sólo se cuenta su propia historia a sí mismo, como el niño que canta en la oscuridad para disipar su miedo? O, finalmente, +será que el propósito de los relatos es iluminar las sendas oscuras hacia las que la vida nos arroja, así como decirnos algo más sobre esta vida, que tendemos a vivir de forma ciega e inconsciente, algo más de lo que somos capaces de entender o comprender desde nuestra flaqueza? Y es por eso que las palabras de un buen narrador pueden arrojar luz sobre nuestros actos y nuestras faltas, sobre lo que deberíamos hacer y sobre lo que nunca debimos haber hecho. Por tanto, cabe preguntarse si la verdadera historia de la humanidad no debiera buscarse en estos relatos, orales o escritos-poco importa si tratan sobre el pasado o el presente-, o si no, al menos, debiera buscarse allí el difuso sentido de dicha historia+. I. A., Estocolmo, 1961
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