La Vida en Orden Alfabético
El Mundo de las Personas con Asperger
Llorente, María / Martos, Juan
Las emotivas historias de seis personas con síndrome de Asperger que se recogen en este libro nos ayudarán a entender cómo impacta este trastorno tanto en sus vidas como en las de aquellos con los que conviven. Se han escogido cubriendo las diferentes etapas, más complejas si cabe que para los demás: unos padres al enfrentarse al diagnóstico de su hijo, la búsqueda de empleo, l...
Sinopsis
Las emotivas historias de seis personas con síndrome de Asperger que se recogen en este libro nos ayudarán a entender cómo impacta este trastorno tanto en sus vidas como en las de aquellos con los que conviven. Se han escogido cubriendo las diferentes etapas, más complejas si cabe que para los demás: unos padres al enfrentarse al diagnóstico de su hijo, la búsqueda de empleo, la maternidad, la incorporación a la universidad, las vivencias en un instituto y la experiencia de recibir un diagnóstico en la edad adulta. Los autores, psicólogos especializados en TEA, ofrecen estrategias de apoyo para abordar las dificultades y orientaciones a quienes sienten que no encajan en esta sociedad, a quienes notan una barrera cuando tratan de integrarse, a quienes reivindican su derecho a ser como son y sentirse diferentes.
Comentarios
Reflexiones constructivas
Soy David Coloma García, poeta y persona con diagnóstico reciente de TEA y doble excepcionalidad con talento verbal. He leído *La vida en orden alfabético* como parte de la bibliografía recomendada tras mi diagnóstico, y me gustaría compartir algunas reflexiones constructivas, desde la experiencia de alguien que buscaba reconocerse en el libro y no siempre lo encontró.
**Sobre la estructura narrativa**
Varios relatos se cortan justo antes de la resolución: el lector ve el conflicto pero nunca cómo se vive con él a largo plazo. El relato de las relaciones, por ejemplo, termina cuando la pareja se va a vivir junta, sin mostrar lo que viene después.
El relato de Sara está narrado desde su pareja, no desde ella. En un libro que pretende dar voz a la experiencia autista, que la vida de Sara la cuente otro es una contradicción de base.
Tampoco aparece casi nunca la terapia como proceso de autoconocimiento tras el diagnóstico. El mensaje implícito es "tienes Asperger, así son las cosas", sin mostrar que hay un camino de comprensión posible.
**Sobre la atribución**
En el caso de Sara, su dificultad para hacerse la maleta o seguir una receta se atribuye al Asperger, sin considerar que cualquier persona criada con sobreprotección tendría las mismas dificultades. Es un sesgo de atribución asimétrica: lo que falla en el autista es el trastorno, lo que falla en el entorno son las circunstancias.
**Sobre la diversidad de perfiles**
El libro reutiliza los mismos personajes en lugar de ampliar con perfiles diferentes. Tres relatos muestran talento matemático, informático o en sistemas formales, reproduciendo el estereotipo más extendido, pero no hay ningún perfil de talento verbal o humanístico, que es igual de frecuente en el espectro.
Tampoco aparece la doble excepcionalidad como perfil integrado, donde la alta capacidad y el autismo no son dos cosas separadas sino una sola forma de estar en el mundo.
**Sobre el diagnóstico tardío**
El relato muestra un perfil muy frío que confunde no expresar con no sentir. La alexitimia no es ausencia de emoción sino dificultad para identificarla: la sensación corporal está, a veces con más intensidad que en un neurotípico.
Además solo se contempla un itinerario diagnóstico, el de múltiples etiquetas erróneas. Pero hay otro camino igualmente frecuente: el de una condición asociada visible, como la epilepsia, que absorbe toda la atención clínica durante décadas y deja el perfil autista completamente invisible.
**Sobre los hermanos**
El relato solo contempla dos hermanos varones con poca diferencia de edad, el caso de mayor fricción y comparación. Pero la dinámica cambia radicalmente según el género y la diferencia de edad. Cuando hay diferencia de sexo, los intereses y los mundos sociales se separan de forma natural en la infancia y la dinámica es completamente diferente.
Además las recomendaciones no incorporan la teoría de la doble empatía de Damian Milton: el problema no es que el autista no entienda a sus hermanos, la incomprensión es mutua. Los dos hablan idiomas diferentes.
**Sobre el deporte y la motricidad**
Los personajes del libro son torpes y rechazan la educación física, como si eso fuera universal en el autismo. Pero hay factores que el libro ignora: la genética familiar influye, y si hay deportistas en la familia eso se transmite. Además la práctica sistemática mejora notablemente la descoordinación dinámica general, y muchos autistas responden muy bien al deporte precisamente porque tiene estructura predecible y reglas claras. Hay autistas a quienes el deporte nos gusta y nos ha ayudado. Presentar la torpeza motriz y el rechazo al deporte como rasgos universales es otro estereotipo sin matizar.
**Sobre la vida interior**
Con la excepción del relato de maternidad, los personajes existen pero no se preguntan por su existencia. Nadie mira atrás preguntándose qué fue de su infancia sin diagnóstico. Nadie se enfrenta a la muerte, al sentido, a la trascendencia. Nadie se interroga sobre qué significa haber vivido así durante décadas sin saberlo.
Muchos autistas, precisamente por esa intensidad perceptiva y esa forma de procesar diferente, tienen una vida interior filosófica y espiritual muy profunda. La pregunta por la trascendencia no es ajena al autismo, puede ser constitutiva. Que no aparezca en ningún personaje, salvo indirectamente en la madre, empobrece mucho el retrato del mundo interior autista.
**Sobre las referencias finales**
Los ejemplos de personas famosas al final, Einstein, Mozart, Jobs, refuerzan el estereotipo del autista genio excepcional. Sería más útil para alguien recién diagnosticado ver referentes contemporáneos y accesibles, personas que investigan, divulgan o crean desde su neurodivergencia en la vida real.
También echo en falta la perspectiva de padres autistas respecto a sus hijos. Hay padres neurotípicos hablando de sus hijos autistas, que es el punto de vista ya abundante en la literatura, pero no al revés.
Espero que estas reflexiones sean útiles. Las comparto con respeto hacia un trabajo que tiene valor, pero que desde mi experiencia deja fuera perfiles que también necesitan verse representados.
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