Llagas
Pérez Hernández, Raquel
El cartucho de tinta se vacía, y tengo que rellenarlo con mi propia sangre. No puedo evitar mancharme. Me ducho, y por más que froto no consigo borrarme la suciedad del alma. ¿Quién decidió llamarla alcachofa y no nube? Pienso y escribo compulsivamente, pero soy zurda, y se corren la tinta y la sangre y me mancho. La ducha no puede salvarme. Es la pescadilla, esa que se muerde ...
Sinopsis
El cartucho de tinta se vacía, y tengo que rellenarlo con mi propia sangre. No puedo evitar mancharme. Me ducho, y por más que froto no consigo borrarme la suciedad del alma. ¿Quién decidió llamarla alcachofa y no nube? Pienso y escribo compulsivamente, pero soy zurda, y se corren la tinta y la sangre y me mancho. La ducha no puede salvarme. Es la pescadilla, esa que se muerde la cola, es culpa de la tinta, o quizás no es nada. En la vida parece que nunca nada es algo.
Soy pequeña y sospecho que insignificante. La ciudad me come, mi corazón cada vez adquiere un tono más grisáceo. No sé en qué momento olvidé que vivimos en un reloj de arena y que la vida se nos escapa entre jadeos, de dolor o de placer -da igual-. Quizás todo empezó cuando dejamos de observar las estrellas y de recordar a nuestros antepasados.
Atrapados en la cárcel sin ventanas de nuestra mente, estamos solos y terriblemente acompañados.
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